¿Por qué envejecemos?

Hay dos importantes teorías respecto al envejecimiento, una de ellas conocida como la del accidente acumulado que sostiene que nuestro cuerpo envejece como consecuencia de los abusos y castigos durante toda nuestra vida.

La otra se conoce como la senectud programada, que sostiene que el envejecimiento se halla incorporado en nuestros genes. La visión de la senectud programada se encuentra apoyada por  los resultados de algunos experimentos. Resulta, por ejemplo, que las células de un embrión humano desarrolladas  en cultivo pueden dividirse tan sólo unas generaciones antes de que mueran, independientemente de los nutrientes que se hallen disponibles.

Otro ejemplo más reciente es el caso de la famosa oveja Dolly, quién a pesar de ser un animal joven, padecía enfermedades propias de la edad adulta y por ello su trágico y prematuro deceso. 

Muchos años antes de la creación de Dolly, los científicos descubrieron unas estructuras satélites en los cromosomas llamadas telómeros, que al parecer son los responsables directos del envejecimiento, pues éstas estructuras, contenidas en números finitos, se van perdiendo generación tras generación celular, por ello, al ser más adultos nuestras células dejan de reproducirse con la misma vitalidad y eficiencia que cuando se es joven.

 Desde el punto de vista de la biología evolutiva, la senectud programada tiene sentido porque, una vez que un organismo es demasiado viejo para reproducirse, la selección natural no actuará para erradicar los miembros no sanos de la especie. En otras palabras, no hay presión evolutiva para producir especies de larga vida. Al contrario, si la energía que se necesita para un buen envejecimiento resta fuerzas a la capacidad reproductora, una larga vida posreproductora puede ser realmente un factor negativo en la evolución.

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