La falsa racionalidad humana

Psicólogos y especialistas siempre han comparado nuestro cerebro con un ordenador donde se procesa gran cantidad de información y se efectúan miles de operaciones simultáneas, superando espectacularmente al ordenador más potente del mundo. Nos podríamos sentir orgullosos de ello. Sin embargo, nuestro funcionamiento intelectual comete errores o distorsiones aparentemente caprichosas que un ordenador nunca haría.

Algunos de estos errores de nuestros cerebros serían los prejuicios raciales o los estereotipos, por ejemplo. Así, cuando analizamos la información que recibimos a través de nuestros sentidos, nos dejamos llevar muy a menudo por nuestras creencias, expectativas o sesgos.

Infinidad de estudios realizados han confirmado que, en los análisis causales que efectuamos, solemos ser bastante benevolentes con nosotros mismos: nos atribuimos el éxito de lo que nos sucede (he aprobado el examen porque he estudiado mucho o porque soy suficientemente inteligente) y, por el contrario, solemos exculparnos por los malos resultados (me he divorciado porque mi pareja era insoportable, he suspendido el examen porque el profesor es un tirano, o se me ha caído la taza al suelo porque alguien ha tropezado conmigo). Naturalmente el estado de ánimo afecta extraordinariamente al análisis causal de la realidad.

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