Los Reality Show

Nota: Si hay niños presentes no dejen ver esta imagen, advertidos están

También forma parte de la cultura saber lo que se debería ignorar, al menos así lo estableció Dietrich Schwanitz (1940-2004) en su libro La Cultura Todo lo que Hay que Saber [ver] establece algunos aspectos que deberían ser ignorados pero que por cultura es necesario conocer, bueno pues Dietrich dice lo siguiente:

También forma parte de la cultura saber lo que no hay que saber

 

Uno de los terrenos más peligrosos es la televisión, un auténtico campo minado. Si desempeña un papel tan importante en la conversación cotidiana, es porque todos saben que sus programas los ve mucha gente. Por lo tanto, como todos están al corriente, el conocimiento de los distintos programas y espacios televisivos dice mucho del nivel intelectual y de los intereses de una persona y de cómo emplea su tiempo. Si alguien se muestra ante los demás como un perfecto conocedor de los vulgares talkshows que se emiten por la tarde, o es un escritor o es un parado con muy mal gusto y pocas relaciones sociales que cada tarde, en vez de leer Hamlet en su versión original, se sienta ante el televisor con una cerveza en la mano.

En consecuencia, quien conozca las convenciones, los moderadores, la dramaturgia y las historias de estos talkshows tiene que tener precaución, o bien debería mantenerlo en secreto, o bien debería presentarlo como consecuencia de un estudio sobre los medios de comunicación de masas. Lo mismo cabe decir de las series televisivas, a menos que se trate de viejas series como Dallas, que llegó a convertirse en un programa de culto —los programas alcanzan esta categoría cuando se convierten en una especie de liturgia y congregan ante el televisor a la comunidad de sus fieles seguidores, que al acabar el programa debaten embelesados el nuevo episodio—.

Se considera especialmente estúpidos a quienes ven los concursos televisivos y las distintas formas de reality-show, los programas sobre sucesos catastróficos; los espectáculos con lágrimas aseguradas dirigidos a voyeurs sentimentales, como los llamamientos a hijos que se han ido de casa; los encuentros entre familiares que no se ven desde hace mucho tiempo; las reconciliaciones y las bodas, todo esto se considera un signo de estupidez.

Hay que evitar decir que se conoce estos programas y, para ello, lo mejor es no verlos. Como no siempre resulta posible mantenerse al margen de una conversación, si los demás hablan de estos programas, lo mejor es fingir desconocerlos; algo no siempre sencillo, pues si en la pausa del mediodía todos los colegas recapitulan con entusiasmo la discusión televisiva entre un sacerdote y un violador de niños resultará muy difícil dominarse y no participar en la conversación.

¿Y porqué escribo esto? bueno pues porque hemos sido invadidos de nuevo, por ese tipo de programas  conducidos, cada uno de ellos por una persona con características muy peculiares, una de ellas pues resulta ser la autonombrada Emperadora (ver post al respecto) y pues nada, nos presentan la llamada Pornografía espiritual, así llamada por Dietrich, por otro lado la Redentora del Perú.

Es una tristeza que nuestro país de cabida a tanta basura que enferma e incrementa el morbo, la incultura, la pérdida de valores, y así una extensa lista, pero no tiene la culpa el indio  sino el que lo hace compadre ¿no creen?, y mientras haya gente que participe de una u otra manera en esta programación habrá Azcárragas, Salinas y Gobierno que sigan apostando a lo mismo.

Un pensamiento en “Los Reality Show”

  1. realmente sera minoria las que presencian los programas, cuanta gente culta es agresiva, violador, racista, embustera, ipocrita….etc. la verdad de la humanidad no se encuentra en un solo programa de television sino en el ambiente donde se desarrolla . cuanto maestro no a encontrado la clave paraconvivir con el alumnado y no perder el respeto como catedratico. cuanto jefe no tiene la capacidad de desarrollar su funcion pero si de hostigar al subordinado por el siple echo de «se me antojo» lo dicho hacer como en la primaria la ley del hielo y no darle importancia a cosas sin importancia. mi dicho si todos fueramos eruditos que aburrido fuera el mundo.

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