Sobre los amigos…

Estamos por iniciar un nuevo año, dejando atrás nuestras experiencias, buenas o malas, pero son eso, nuestras. Quizás hayamos encontrado algunos amigos, perdido otros u olvidado a quienes se fueron, pero estamos por iniciar un nuevo año, donde seguramente conoceremos nuevas personas a quienes consideraremos, mientras se demuestre lo contrario, nuestros amigos, ya que el ser humano es un animal social requiere de amigos, tan es así que frecuentemente nos preocupa la cantidad de amigos que tengamos en nuestro haber, luchamos por tener inventariados a la gran cantidad de ellos, aunque en ello se vaya gran parte de nuestra existencia.

En la Ética Nicomáquea, Aristóteles reflexiona sobre el número de amigos:

  • ¿Debemos, entonces, hacernos el mayor número posible de amigos o lo adecuado es no carecer de amigos, ni tampoco tener un número excesivo de ellos?. Ahora bien, podría parecer que lo dicho armoniza perfectamente con los que proponen su utilidad, porque devolver los servicios o favores a muchos sería un trabajo laborioso, y la vida no es lo bastante larga para hacer esto. De ahí que un número mayor del suficiente para la propia vida sería superfluo y embarazoso para vivir bien, y así no hay necesidad de tantos.
  • También es difícil compartir íntimamente las alegrías y las penas con un gran número de amigos, pues es probable que, al mismo tiempo, deba alegrarse con uno y afligirse con otro.
  • Quizá, pues, esté bien buscar no demasiados amigos, sino tantos cuantos son suficientes para convivir. Tampoco parece posible ser muy amigo de muchos, y, por eso, uno no puede amar a varias personas. El amor, en efecto, tiende a ser una especie de exceso de amistad, y éste puede sentirse sólo hacia una persona; y, así una fuerte amistad sólo puede existir con pocos.
  • Los que tienen muchos amigos y los tratan íntimamente, parecen no ser amigos de nadie.
  • En cualquier tratamiento de la amistad aparecen varios rasgos comunes: el ser una relación entrañable, libre, recíproca, exigente, desinteresada, benéfica, nace de la inclinación natural y se alimenta del convivir. Así, en la pobreza y en las demás desgracias consideramos a los amigos como único refugio. Y, en cualquier situación, tener amigos íntimos es una verdadera suerte.

Aristóteles también establece que para mantener una amistad perdurable, es preciso que nuestros amigos lo sean también entre ellos, es decir que mis amigos sean amigos de mis amigos, lo que resulta difícilmente posible.

En conclusión, es mejor tener pocos, pero verdaderos, amigos que muchos y efímeros.

Por ello les deseo que este año que inicia, traiga consigo los  amigos necesarios para seguir siendo amigo de los amigos o bien,  ratifique los ya existentes.

Feliz 2011

 

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