¿Química o física?

La designación de 2011 como “año de la química” sirve para reflexionar si sigue siendo buena idea dividir el conocimiento científico en las disciplinas clásicas: física, química, biología…

Y es que la naturaleza es una. Segmentarla para estudiarla mejor es una buena estrategia de trabajo, pero corremos el riesgo de creer que el mundo realmente se divide en los anaqueles en que acomodamos el conocimiento que adquirimos sobre él.

Lo artificial de esta división se manifiesta cuando tratamos de definir los límites entre disciplinas. La química y la física son buenos ejemplos. Tanto físicos como químicos afirman que sus respectivas ciencias se ocupan de la materia y la energía, y sus cambios.

Las definiciones de diccionario no ayudan mucho. Según la Real Academia, por ejemplo, la química es la “ciencia que estudia la estructura, propiedades y transformaciones de la materia a partir de su composición atómica”, mientras que la física “estudia las propiedades de la materia y de la energía”. Otras definiciones son más o menos similares. (Y ni hablar de la disciplina independiente llamada fisicoquímica.)

¿Cómo saber, entonces, si algo corresponde al ámbito de la física o de la química? Los físicos resuelven el problema de manera sencilla: decretan que la química es sólo una subdivisión de la física. Además de petulante, este punto de vista es muestra de lo que el filósofo Daniel Dennett ha denominado “reduccionismo codicioso”: pensar que si algo puede explicarse reduciéndolo a sus elementos constituyentes, ese algo no existe realmente.

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