Fieles Difuntos

La vida de los muertos está en la memoria de los vivos (Cicerón)

Hoy 2 de noviembre se celebra el Día de los muertos o, llamados por otros, Día de los Fieles Difuntos. A este respecto me salta una duda, ¿por qué llamar Fieles a los Difuntos? eso quiere decir que ¿existen infieles difuntos?, y esto lo pregunto ya que etimológicamente la palabra Fiel viene de Fidelis y se aplica a aquellas personas y otros animales que muestran una lealtad, que son dignos de confianza.

Por lo anterior es de esperar que alguien, así como yo, piense que si hay los Fieles Difuntos, dícese de aquellos muertos bien muertos y sin ganas de regresar a la vida, deben existir los Infieles Difuntos, digamos aquello muertos o mediomuertos que quizá la otra vida no les convenció y por ello han decidido hacerse los muertitos, un ejemplo de ellos serían los Zombis digo yo.

Pero para los fieles e infieles difuntos un minuto de silencio y nuestro pensamiento, les recomiendo mi post La Catrina Garbancera.

Flamable o Inflamable

Inflamable

Durante algunos años creí que los camiones que transportan material que puede incendiarse o explotar con facilidad, tenían un error semántico en la leyenda  Material Inflamable, yo decía que lo correcto debía ser Flamable, y mi argumento era, bastante convincente por cierto ya que logre hacer creer lo mismo a otras personas, era que al poseer un prefijo in le de tipo negación.

Bueno pues es hora de saber que in puede tener dos valores conceptuales:

  1. Precisamente el que indica falta o negación, como ilegal (en esta palabras la n se pierde por las reglas de escritura) o innecesario .
  2. Otra acepción es aquella que in no es un prefijo sino un pseudoprefijo y carece del valor negativo y simplemente contiene algunos valores de en. Ejemplo de su utilización es inflar, involucrar, inducir, y evidentemente inflamable. En los anteriores casos in es parte de la misma palabra por lo que no es posible disociarla como, por ejemplo, innecesario a in necesario, se pierde el sentido en inflar cuando pretendemos disociarlo en in flar, flar carece de sentido al igual que flamable.

Una explicación más amplia y detallada la podrán encontrar en Minucias del Lenguaje del maestro José G. Moreno de Alba.

Con esta entrada respondo a la pregunta realizada por algunas personas.

 

 

 

Vuestra merced

Por algunas de mis publicaciones en este blog, considero que he dejado establecida mi postura respecto a las monarquías en pleno Siglo XXI, no puedo entender como en un mundo tan moderno coexista ese tipo de gobierno, lo bueno es que en México sólo mantenemos a nuestros legisladores, sus familias, sus amigos y les aguantamos toda clase de berrinche, y no mantenemos una familia Real.

Pero esa es otra historia, el objetivo de este blog es como la Vuestra merced, título de cortesía muy común, paradojicamente, en la Realeza ha evolucionado hasta convertirse en Usted.

La revista de Algarabía en su número 104 explica dicha evolución:

  • Vuestra merced 
  • Vuestaced
  • Vuasted
  • Vuested
  • Vusted
  • Usted

Hoy en día, entre los proles, como nos clasificó la hija de nuestro ilustrísimo  Presidente, no es común que alguien se refiera a los demás como Vuestra merced de ser así lo veríamos como bicho raro,  tal como vemos al que se refiera a los demás con un alto grado de educación.

Estoy de acuerdo en no llegar hasta el hartazgo, como sucede en los tratamientos oficiales de la Monarquía, el clero, entre otros. Pero un mínimo de educación no nos cae nada mal.

Palabras Muribundas

Hace algunos días escribí algo respecto al libro de Pilar G. Mouton y Álex Grijelmo Palabras Moribundas, bueno pues deseo presentarles una lista de aquellas palabras que al parecer están destinadas a quedar sepultadas en el olvido, y que al leerlas me recordaron aquellos años de mi niñez cuando mi abuela repetía constantemente y que, al oírlas se creería que eran palabras pueblerinas, y que ahora al recordarlas me llenan de añoranzas, aquí esas palabras con las que crecí gracias a mi abuela:

  • Ahíto
  • Albricias
  • Batidor
  • Botica
  • Cavilar
  • Enagua
  • Fanega
  • Garrotillo
  • Lavativa
  • Matiné
  • Moquete
  • Ocal
  • Pando
  • Parvulito
  • Patatús
  • Perinola
  • Talabartero
  • Tarabilla
  • Verija 

Adán…

Del libro Palabras Moribundas de  Álex Grijelmo he tomado la palabra moribunda Adán ya que me ha parecido muy interesante su significado y literalmente dice lo siguiente:

Siempre resulta familiar, porque todos la identificamos —en las  culturas musulmana, judía y cristiana— con el primer hombre.  Eva es nombre frecuente para mujer, aunque en nuestro entorno  Adán no lo es tanto, quizá en la cultura anglosajona sí… Pero  aquí no se trata de la palabra adán como nombre propio, sino del nombre que cali(ca, según la Real Academia, al hombre «desaliñado, sucio o haraposo» o al hombre «apático y descuidado»

Evidentemente, les recomiendo el libro…

Persona grata o non grata

Persona grata es expresión latina usada en lenguaje diplomático para designar a la persona que será recibida con agrado por el gobierno ante el cual se acredita. Persona non grata es la que se encuentra en la situación opuesta. Las dos locuciones, especialmente la segunda, se usan en el lenguaje corriente fuera de las relaciones diplomáticas. Non grato, como adjetivo masculino, no es ni latín ni español, por lo tanto es incorrecto, lo adecuado sería utilizar la expresión en latín en masculino: non gratus, y en español, no grato

Ahora bien, si se hace referencia a un grupo de personas se debe escribir o decir personae non gratae; 

Ejemplos:

  • Ese grupo de estudiantes son personae non gratae en este lugar.
  • El diputado Hermenegildo es persona non grata.
  • Ese muchacho mal vestido y mal oliente es un hombre non gratus.

Referencia:

  • Seco, M. Diccionario de Dudas y Dificultades de la Lengua Española

Resistirá…

¿Resistirán los libros el embate de la tecnología digital? ¿Cambiará Internet el modo en que leemos? ¿Existirán los autores cuando cada uno decida el final de una novela según su voluntad? ¿Llegará el día en que cualquiera pueda reescribir la trama de La guerra y la paz con un mouse? El 1º de noviembre, con motivo de la reapertura de la milenaria Biblioteca, la ciudad egipcia de Alejandría tuvo como anfitrión a Umberto Eco, quien ofreció una conferencia en inglés durante la cual respondió a estos y otros interrogantes. Publicado por el semanario Al-Ahram, Radar reproduce el texto completo de esa charla en la que Eco desplegó su habitual claridad para exponer por qué el libro permanecerá tanto como las cucharas, los cuchillos y la idea de Dios.

Tenemos tres tipos de memoria. La primera es orgánica: es la memoria de carne y sangre que administra nuestro cerebro. La segunda es mineral, y la humanidad la conoció bajo dos formas: hace miles de años era la memoria encarnada en las tabletas de arcilla y los obeliscos –algo muy habitual en Egipto–, en los que se tallaban toda clase de escritos; sin embargo, este segundo tipo corresponde también a la memoria electrónica de las computadoras de hoy, que están hechas de silicio. Y hemos conocido otro tipo de memoria, la memoria vegetal, representada por los primeros papiros –también muy habituales en Egipto– y, después, por los libros, que se hacen con papel. Permítanme soslayar el hecho de que, en cierto momento, el pergamino de los primeros códices fuera de origen orgánico, y que el primer papel estuviera hecho de tela y no de celulosa. Para simplificar, permítanme designar al libro como memoria vegetal.

En el pasado, éste fue un lugar dedicado a la conservación de los libros, como lo será también en el futuro; es y será, pues, un templo de la memoria vegetal. Durante siglos, las bibliotecas fueron la manera más importante de guardar nuestra sabiduría colectiva. Fueron y siguen siendo una especie de cerebro universal donde podemos recuperar lo que hemos olvidado y lo que todavía no conocemos. Si me permiten la metáfora, una biblioteca es la mejor imitación posible de una mente divina, en la que todo el universo se ve y se comprende al mismo tiempo. Una persona capaz de almacenar en su mente la información proporcionada por una gran biblioteca emularía, en cierta forma, a la mente de Dios. Es decir, inventamos bibliotecas porque sabemos que carecemos de poderes divinos, pero hacemos todo lo posible por imitarlos.

Construir, o mejor, reconstruir una de las bibliotecas más grandes del mundo puede sonar como un desafío o una provocación. A menudo, en artículos periodísticos o en papers académicos, ciertos autores se enfrentan con la nueva era de las computadoras e Internet, y hablan de la posible “muerte de los libros”. Sin embargo, el hecho de que los libros puedan llegar a desaparecer –como los obeliscos o las tablas de arcilla de las civilizaciones antiguas– no sería una buena razón para suprimir las bibliotecas. Por el contrario, deben sobrevivir como museos que conservan los descubrimientos del pasado, de la misma manera que conservamos la piedra de Rosetta en un museo porque ya no estamos acostumbrados a tallar nuestros documentos en superficies minerales.

Sin embargo, mis plegarias en favor de las bibliotecas serán un poco más optimistas. Soy de los que todavía creen que el libro impreso tiene futuro, y que cualquier temor respecto de su desaparición es sólo un ejemplo más del terror milenarista que despiertan los finales de las cosas, entre ellas el mundo.

He contestado en muchas entrevistas preguntas del tipo: “¿Los nuevos medios electrónicos volverán obsoletos los libros? ¿Internet atenta contra la literatura? ¿La nueva civilización hipertextual eliminará la noción de autoría?”. Ante semejantes interrogantes, y teniendo en cuenta el tono aprensivo con el que los formulan, cualquiera que tenga una mente normal y bien equilibrada pensará que el entrevistador se tranquilizaría si la respuesta fuera: “No, no, tranquilos, todo está bien”. Error. Si les dijéramos que no, que ni los libros ni la literatura ni la figura del escritor van a desaparecer, los entrevistadores entrarían en pánico. Porque si nadie muere, ¿cuál es entonces la noticia? Publicar que murió un Premio Nobel es una flor de noticia; informar que goza de buena salud no le interesa a nadie –salvo, supongo, al Premio Nobel mismo. [Leer más]

Umberto Eco

Referencias:

  • Umberto Eco y Jean-Claude Carriere: Nadie acabará con los libros, Barcelona: Lumen 2010