Día de los animales

Animales Libres
Animales Libres

La vanidad de la criatura humana es tal, que ha querido insensatamente igualarse a Dios por medio de una imaginación desaforada, olvidando su modesto origen y separándose del resto de las criaturas

Michel de Montaigne

Hoy 4 de agosto se conmemora el día internacional de los animales, esto como parte de concientización sobre el respeto a los derechos de éstos seres. Se eligio este día por ser el dedicado a San Francisco de Asís, protector de los animales, por ello  hoy festejamos, o al menos deberíamos, festejar a todos los animales y sin el afán de ofender, incluyéndonos nosotros pero no, eso no sucederá pues nuestro antropocentrismo esta tan arraigado que considerarnos parte de este grupo de seres vivos nos molesta e indigna. Quizá por desconocer lo que la palabra animal encierra, pero ¿qué significa la palabra animal?, partiendo de su etimología la palabra Animal proviene de Alma y ésta de Ánima, aire o aliento, desde ésta concepción animal es todo aquel ser vivo que tiene alma, por consiguiente es animado es decir con movimiento por poseer el aliento o aire que lo impulsa, entonces el ser humano, los perros, los gatos, los elefantes, etc., que poseen un sistema de locomoción y que les confiere esta característica de moverse son animales, haciendo un paréntesis, todavía recuerdo que en mi pueblo decíamos se me apareció un ánima, cuando creíamos haber visto a un ser difunto.

Los animales, los otros, los no humanos, como dirían algunos, comparten tantas cosas con nosotros, que me es difícil aceptar la crueldad de las que han sido víctimas, a lo largo de la historia del hombre podremos encontrar historias tan terribles y detestables en las que el hombre se ha valido de su ya trillada inteligencia para menospreciar a los demás seres, tenemos por ejemplo el Coliseo Romano, las corridas de toros, las peleas de perros, de gallos, el uso de animales como adornos, experimentación, etc.

Pensar que compartimos tanto con ellos, incomoda a muchos hoy en día, incluso aquellos que creen haber visto un extraterrestre o, peor aún, creen en quienes dicen haber contactado a seres inteligentes de otros mundos, y poseen una gama de supersticiones que otra más y no podrían vivir. Creen todo lo que quieren creer y renuncian a aceptar que a los animales les debemos más de lo que creemos.

Hablando de educación, en muchas escuelas se sigue enseñando ciencias mediante el uso de modelos animales, sin importar la crueldad hacia el animal, las leyes morales y sociales y mucho menos los sentimientos de los alumnos, y ¿cómo pensar en eso? vivimos en un mundo tan deshumanizado que los valores han pasado a un lugar poco honroso, hay profesores que afirman y defienden que para que un alumno aprenda debe oler la sangre, recordándome la clásica sentencia: la letra con sangre entra.

Hemos sido capaces de seguir reproduciendo experimentos con la misma crueldad de hace cientos de años, todo en aras de un conocimiento y sacrificando la esencia del ser humano.

De acuerdo a Hans Ruesch en todos los aspectos de la ciencia los animales inocentes sirven de chivos expiatorios de los vicios y defectos del ser humano. Nosotros fumamos, los animales no: por tanto obligamos a a los animales a fumar, aunque para ellos es una tortura y para nosotros un placer.  Nosotros bebemos alcohol, los animales no: por tanto, provocamos cirrosis hepática a los animales obligándoles a ingerir alcohol. Nosotros nos drogamos, los animales no, padecemos de insomnio, estrés, nosotros conducimos y tenemos accidentes de tráfico, enfermamos por consumir alimentos perjudiciales y fármacos tóxicos, todo eso padecemos y sufrimos y los animales no y sin embargo les  producimos de manera artificial lo que nosotros por nuestros excesos obtenemos.

La conmiseración con los animales está íntimamente unida con la bondad de carácter, de tal manera que se puede afirmar de seguro, que quién es cruel con los animales no puede ser buena persona. Una compasión por todos los seres vivos es la prueba más firme de la conducta moral.

Schopenhauer

He sabido que el hecho de que se fomente una educación más humana entre los alumnos, puede causar cierto escozor en algunos profesores.

Nos negamos aceptar un cambio radical en el proceso de enseñanza aprendizaje, pues siempre se ha hecho así.  Sin pensar que lo que es rutina, en su momento fue innovación, escribió José Ingenieros

Y a ellos les recuerdo que la educación debe ser Científico-Humanística, así podremos formar profesionistas comprometidos con su entorno, un entorno cada vez más hostil, al respecto el Dr. Ignacio Chávez decía:

El Humanismo no es un lujo ni un refinamiento de estudiosos que tienen tiempo para gastarlo en frivolidades disfrazadas de satisfacciones espirituales. Humanismo quiere decir cultura, comprensión del hombre en sus aspiraciones y miserias; valoración de lo que es bueno, lo que es malo, lo que es bello y lo que es justo en la vida, fijación de las normas que rigen  nuestro mundo interior; afán de superación que nos lleva, como en la frase del filosofo, a “igualar con la vida el pensamiento”. Esa es la actuación del humanismo, al hacernos cultos. La ciencia es otra cosa, nos hace fuertes, pero no mejores, por eso el científico mientras más sabio debe ser más culto.

En la revista de divulgación científica ¿Cómo ves?, de éste mes, la columna de Ojo de mosca del químico Martín Bonfil Olivera esta dedicada al tema Experimentar con animales y que dice lo siguiente:

¿Qué tanto derecho tienen los científicos a utilizar seres vivos en experimentos?

Nadie se preocupa si en un laboratorio se utilizan plantas. Se las puede cultivar, cosechar, someter a diversos tratamientos y hasta cortar en pedacitos para analizarlas, sin incurrir en dilemas éticos.

Usar seres humanos, en cambio, es éticamente inaceptable, excepto en casos muy particulares (que los sujetos acepten participar voluntariamente en el experimento y que no sufran ningún daño).

¿Y qué pasa con los animales?

En el Génesis, primer libro de la Biblia, se lee: “Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo”.

A partir de eso, durante siglos nuestra especie dio por hecho que los animales habían sido creados para servirla, y se sintió autorizado a utilizarlos a su conveniencia.

Esto ha cambiado. Hacer experimentos con animales como perros, gatos o monos es una cuestión éticamente delicada. La comunidad científica internacional, y la sociedad en general, considera que éstos y otros animales tienen derecho a no ser sometidos a sufrimiento innecesario, y se han creado mecanismos para supervisar que se cumplan los requisitos mínimos para garantizar su bienestar.

Incluso, existen grupos de activistas extremos, que están dispuestos a destruir laboratorios de investigación donde suponen —sea cierto o no— que se los está “torturando”.

No es una cuestión simple. Hay investigación importante, que busca curar enfermedades graves, y frívola, para garantizar la calidad de los cosméticos. Hay experimentos que pueden hacerse usando células en cultivo o simulaciones en computadora, y otros que sólo pueden realizarse con animales vivos.

Pero hoy contamos con una herramienta para guiar nuestro criterio: la teoría de la evolución, que muestra que las especies han ido dando origen a especies nuevas, en un proceso ramificado que puede representarse como un gran árbol. Las especies en una misma rama están relacionadas entre sí, y por ello comparten ciertas características.

El punto de vista evolutivo nos explica por qué experimentar con plantas —u hongos, bacterias, almejas y hasta insectos— no representa un problema. La característica importante es la presencia o no de un sistema nervioso lo suficientemente complejo como para sentir dolor. La evolución nos da así una base racional, basada en hechos, para justificar las reglas para el uso de animales en experimentación.

Como ocurre con frecuencia, la ciencia nos proporciona en este caso una base más firme para tomar decisiones que las creencias u opiniones personales.


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