Cuando Dios quiso que el amor viviera entre los hombres, le dio cuatro patas y un ladrido gozoso, y le puso una cola que menear.

Al comenzar la publicación de este blog, comenté que en él escribiría lo que considerara importante aún para quién lo viese banal, bueno pues este es otro de esos días que comparto mi sentir y hoy es  de tristeza al haber perdido a mi perro, amigo que durante más de 10 años me acompañó en lo bueno y lo malo, y lo perdí por esa tan trillada Ley de la Vida, la vejez le llegó, como supongo algún día me llegará, y con ella los achaques propios de su edad, sin embargo ni siquiera en su lecho de muerte dejo de demostrarme que entre él y yo existirá un lazo que ni la misma eternidad lo podrá romper.

Dudo que exista un cielo para los humanos, pero sé que existe uno para esos amigos mal llamados mascotas, sé muy bien que en ese espacio adimensional y etéreo, Ben se encontrara con mis otros muy buenos amigos, Comino, Muñeca, Mocha, Indio, Paloma y que juntos compartirán esos momentos que les tocó vivir aquí en la Tierra, cada uno en su tiempo, cada uno en su espacio, ninguno sustituyo al otro, sólo hizo menos amarga la ausencia del que partió.

Podría decir tanto de mi perro, pero deseo llevarlo sólo en mi recuerdo, entiendo que la vida sigue su curso, y en su marcha se lleva lo más querido.

Cuando Dios creó el mundo, debió tener motivos inescrutables para asignar al perro una vida cinco veces más corta que la de su amo.

Konrad Lorenz

En esta vida hay que pagar cada alegría con un tributo de dolor

In Memoriam de Ben